Antropología y modernización conservadora en Colombia: el Instituto de Antropología Social y el fin de la Escuela Normal Superior (1945-1951)

Hernando Andrés Pulido Londoño

Universidad del Rosario, Escuela de Ciencias Humanas

2020

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Pour citer cet article

Pulido Londoño, Hernando Andrés, 2020. “Antropología y modernización conservadora en Colombia: el Instituto de Antropología Social y el fin de la Escuela Normal Superior (1945-1951)”, in Bérose - Encyclopédie internationale des histoires de l'anthropologie, Paris.

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Publié dans le cadre du thème de recherche «Histoire de l’anthropologie colombienne», dirigé par Aura Lisette Reyes (Colciencias-Université Nationale de Colombie, ICANH).

Este artículo ofrece un perfil sobre el desconocido Instituto de Antropología Social (1945-51), entidad que funcionó al interior de la Escuela Normal Superior (ENS) de Bogotá (Colombia), institución educativa y cultural representativa de la denominada República Liberal (1930-1946), período de la historia colombiana caracterizado por la hegemonía política del Partido Liberal, así como por sus esfuerzos discontinuos de reformismo social y democratización cultural. El Instituto, inspirado en los institutos antropológicos y de investigación en ciencias sociales anglosajones, tuvo una existencia muy corta en medio de las dificultades económicas, las polarizaciones políticas nacionales y el retorno al poder del Partido Conservador en 1946, cuyas políticas culturales significaron la realización de una contradictoria “modernización conservadora”, justo en el contexto global de la temprana Guerra Fría. No obstante, pese a los obstáculos, alcanzó a arrojar algunos resultados de investigación relacionados, principalmente, con el proyecto Municipio Modelo, desarrollado desde 1948 en Vianí, localidad rural cercana a Bogotá, el cual siguió recomendaciones ofrecidas por UNESCO. Con base en fuentes primarias novedosas, se propone un recuento del Instituto de Antropología Social con atención a las motivaciones tras su creación, sus contactos académicos transnacionales y su concepción de la investigación social fundamentada mediante una noción muy temprana para Colombia de “antropología aplicada”.

Introducción

El Instituto de Antropología Social fue creado en 1946 en el seno de la emblemática Escuela Normal Superior (ENS) (1936-1951), institución en la cual se formaron los primeros maestros con perfil investigativo y una especialización en ciencias sociales en Colombia, por lo que representa un hito para la profesionalización de estas disciplinas en el país sudamericano (Figueroa, 2016: 157-181) [1]. Ese año mismo el histórico Partido Liberal, que había gobernado en forma ininterrumpida desde 1930, se presentó dividido a las elecciones presidenciales (con los liberales Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán como candidatos) y perdió frente al conservador moderado Mariano Ospina Pérez (1891-1976). El gobierno de Ospina (1946-1950) marcó la transición del reformismo social y la democratización cultural que fueron estimulados por políticos, funcionarios e intelectuales liberales (sin duda, esfuerzos incompletos y con contradicciones) al posicionamiento del Partido Conservador, impaciente por consolidar su propia hegemonía política. Los convulsos años de la Restauración Conservadora (1946-1957) estuvieron marcados por una notable paradoja histórica que puede comprenderse mediante la noción de modernización conservadora: los gobiernos de este período, en asocio con sectores dirigentes y élites económicas, adelantaron en Colombia la actualización de infraestructuras económicas y sociales y la realización de tempranos proyectos de desarrollo sin transformar las desiguales jerarquías sociales de la época. En materia de política cultural referentes tradicionalistas, católicos y patrióticos coexistieron con prácticas artísticas, intelectuales, educativas y científico-técnicas que debían apoyar dicha modernización socioeconómica, pero evitando un cuestionamiento generalizado del statu quo. [2]

El magnicidio del caudillo Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948, la insurrección popular que lo sucedió –El Bogotazo, cuyas consecuencias se sintieron en todo el país–, las rupturas entre los jefes liberales y la administración de Ospina, así como el ingreso de Colombia en las lógicas bipolares excluyentes de la Guerra Fría, echaron leña a una violencia política bipartidista que llegaría a cobrarse más de 200.000 muertos a mediados del siglo XX y que además justificó recortes democráticos reforzados por el gobierno de Laureano Gómez (1950-1953) y la dictadura militar de Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957) (Braun, 2008: 263-303; Henderson, 2006: 420-473; Valencia, 2015: 67-101). [3] En este contexto de polarización política, de ascenso del autoritarismo y el predominio político-cultural de los conservadores transcurrió la fugaz existencia del Instituto de Antropología Social. Su trayectoria culminó en 1951 junto con el fin de su institución matriz, la propia Escuela Normal Superior, que arrastraba problemas económicos y de infraestructura desde las postrimerías de la República Liberal y fue desmontada por orden de Laureano Gómez, quien desconfiaba de su progresismo y vinculación con el liberalismo (Herrera, 1999: 117-166). El legado científico y cultural del Instituto de Antropología Social, que aún es necesario aclarar con mayor detalle, fue absorbido por otra institución surgida en plena dictadura militar: el antiguo Instituto Colombiano de Antropología (ICAN), creado en 1952. En este sentido, el Instituto fue una entidad fundamental en el proceso de consolidación institucional y profesional de la antropología en Colombia (Diario Oficial, 1952: 11)

En este artículo quiero examinar la trayectoria del Instituto poniendo énfasis en la misión que le estuvo encomendada, la concepción de la investigación social que la guió y las dinámicas que incidieron en su terminación, algunas muy propias, distintas a las de su entidad matriz, la ENS. El Instituto alcanzó a pergeñar un proyecto de investigación significativo denominado Municipio Modelo, que recibió apoyo de la UNESCO y fue desarrollado en la población de Vianí (Cundinamarca) en 1948. Puede anunciarse que con el Instituto quiso aplicarse una visión de la antropología como disciplina aplicada que coadyuvaría al avance social y económico del país. De manera concreta, en el proyecto de Vianí convergieron perspectivas modernizadoras globales de posguerra centradas en el desarrollo local y agrario, junto con viejas concepciones del higienismo y las campañas moralizadoras que habían sido dirigidas a los campesinos y obreros colombianos desde las primeras décadas del siglo XX.

En primer lugar, entonces, expondré las motivaciones que llevaron a crear el Instituto de Antropología Social como parte de la Normal Superior.

1. Génesis del Instituto de Antropología Social

Aunque las razones para formar un Instituto de Antropología Social en el seno de la ENS no son claras, puede presumirse que el motivo principal fue la independización del Instituto Etnológico Nacional de la ENS, el cual fue adscrito en 1945 al Servicio Arqueológico Nacional, unificación motivada por el presupuesto insuficiente de la Escuela y con el propósito de unificar funciones comunes. [4] El Etnológico Nacional había sido creado en 1941 como uno de los institutos anexos de la ENS, en conjunción con el arribo a Colombia del etnólogo francés Paul Rivet (1876-1958). Esta fue la entidad responsable de la formación de los primeros antropólogos profesionales en Colombia y de adelantar investigaciones etnográficas y arqueológicas patrocinadas por el Estado colombiano en la década de 1940 (Pineda, 2009: 113-171). La comunidad académica había resentido la separación de este instituto, pues profesores y estudiantes creían haber perdido uno de los pilares del prestigio intelectual de la Normal Superior. En el informe de la Asamblea Estudiantil presentado el 13 de mayo de 1945 al rector de la ENS, Eugenio Salas Trujillo, el líder estudiantil Luis Vega Reales señalaba, como parte del malestar producidos por la deficiente situación de la Escuela: “(…) este año se ha dado el caso que, por incapacidad de la Escuela para sostener al Instituto Etnológico, este ha sido llevado a una de las dependencias del Ministerio de Educación, con notable perjuicio para ella en su prestigio y en sus relaciones con otras entidades científicas extranjeras”. [5]

Por otra parte, la búsqueda de un énfasis investigativo específico también pudo estar detrás de la idea de un nuevo instituto anexo. Mientras el Instituto Etnológico Nacional estuvo dedicado principalmente al estudio de las comunidades indígenas colombianas, el Instituto de Antropología Social debía destinarse a un conjunto más amplio de indagaciones sociales, al modo de los institutos de investigación en ciencias sociales de las universidades anglosajonas, mediante las que debían conseguirse resultados prácticos y la formación de especialistas en terreno. Como se verá más adelante, el modelo anglosajón no se restringió a la mera inspiración programática, sino que motivó alianzas concretas con instituciones de investigación estadounidenses.

El proyecto para fundar el Instituto de Antropología Social fue redactado a mediados de agosto de 1946 por el rector de la ENS Guillermo Nannetti, Guillermo Hernández Rodríguez, miembro del Consejo de Estado y profesor de la Universidad Nacional de Colombia, y el director del Instituto Etnológico Nacional, Luis Duque Gómez. Ciertamente, es necesario destacar el liderazgo de Nannetti en la conformación del Instituto. Antiguo ministro de Educación del gobierno de Eduardo Santos en 1941, este político y funcionario público fue el último liberal en la rectoría de la ENS, lo que le permitió articularse con los miembros señalados de la Universidad Nacional de Colombia, afines al mismo partido. Luis Duque Gómez, quien sería el director del Etnológico Nacional hasta 1952, fue egresado de la misma Escuela, y puede suponerse que le interesaba el bienestar de su antigua casa de estudios. Ahora bien, más allá de estas convergencias políticas y profesionales, Nannetti había acumulado una importante experiencia en diplomacia cultural, como consejero cultural de la embajada de Colombia en Washington, durante los años previos a su nombramiento como rector de la ENS. Esto le permitió adelantar contactos con entidades y profesionales en Estados Unidos que permitirían recibir asesoría para constituir al Instituto. [6]

De manera inmediata, la propuesta fue comunicada al rector de la Nacional, Gerardo Molina, pues el proyecto consistía, de manera fundamental, en un contrato entre la Nación y dicha universidad, para el cual la ENS estaba dispuesta a invertir anualmente la suma nada despreciable de $20.000 de la época. Estos pasos iniciales recibieron la asesoría de John P. Gillin (1907-1973), antropólogo de la Universidad de Carolina Norte, especialista en asuntos latinoamericanos, quien realizó en septiembre un viaje a Bogotá y posteriormente siguió con interés todo el proceso desde Estados Unidos. De manera muy temprana, Nannetti ofreció la dirección del Instituto al antropólogo colombiano Gabriel Ospina, quien se encontraba realizando estudios de antropología social en México en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH). En 1945 Ospina se había vinculado al Instituto de Antropología Social del Smithsonian Institution, en un proyecto dirigido por George M. Foster, de la Universidad de California, en la comunidad de Tzintzuntzan, ubicada en Michoacán, a orillas del lago Pátzcuaro (Medina, 2013: 11-34). Foster y el Smithsonian Institution serían fundamentales para la gestación del Instituto de Antropología Social de la ENS y en estimular sus primeros pasos. [7]

Sin embargo, para el rector de la ENS era fundamental contar con la experiencia de un antropólogo estadounidense capaz de organizar y ofrecer los cursos de especialización iniciales del Instituto. Fue en este sentido que Nannetti contactó a John Campbell, el agregado cultural de la embajada americana en Bogotá. Conseguir los servicios de un antropólogo norteamericano para el Instituto fue un tema recurrente entre los últimos rectores de la ENS y la diplomacia estadounidense en Colombia entre 1946 y 1951. Fue allí donde se presentaron los mayores inconvenientes, pues la inestabilidad financiera y administrativa de la Normal Superior nunca permitió esa contratación. [8]

En los inicios del proyecto, cuando Nannetti buscó la intermediación de Campbell, las perspectivas eran halagadoras, aunque igualmente muy amplias:

El Instituto de Antropología Social tendrá las siguientes finalidades:

  • Coordinar e impulsar las actividades encaminadas al estudio del hombre colombiano.
  • Preparar el personal técnico necesario para llevar a cabo estudios e investigaciones prácticas de antropología social en Colombia.
  • Preparar y ejecutar planes de investigaciones prácticas sobre la cultura colombiana en sus varios aspectos, y sobre el acomodamiento del hombre colombiano a su medio ambiente. [9]

El experto extranjero tendría que organizar y ofrecer cursos de antropología social –entendida esta en forma amplia como la teoría y análisis de las culturas y costumbres–, de “transculturación” y otras dinámicas de la cultura; de organización social y psicología del aprendizaje, amén de técnicas y métodos de recolección de datos empíricos en terreno. Para ubicar al especialista idóneo, Nannetti sugirió a Campbell establecer un acuerdo, precisamente, con el mencionado antropólogo George M. Foster, jefe del Instituto de Antropología Social del Smithsonian Institution. [10] Desde su fundación por el antropólogo Julian Steward en 1943, este Instituto ofreció asesoría a países del hemisferio que requirieron apoyo técnico y docente para investigaciones sociales y antropológicas. De esta cooperación con el Smithsonian también llegaron a formar parte el propio Instituto Etnológico Nacional y la Universidad del Cauca (Popayán), especialmente con visitas académicas de antropólogos estadounidenses quienes brindaron sus conocimientos en materia docente, para la realización de trabajos de campo y la organización de exhibiciones públicas de sus resultados (sobre el papel general en América Latina del Instituto de Antropología Social del Smithsonian: Castro, 2010: 56-82). [11]

Varios aspectos deben destacarse en los inicios del Instituto de Antropología Social. La comprensión de la antropología social que lo animaba contrastó con la etnología francesa y el indigenismo que inspiró la creación del Instituto Etnológico Nacional. Según se apreciará, las investigaciones en antropología social del Instituto de la ENS tendrían, en primera instancia, el propósito de ser “aplicadas”. Ello con el propósito de fortalecer las unidades sociopolíticas que supuestamente caracterizaban a la nación colombiana: los municipios rurales. Los pueblos indígenas y los estudios arqueológicos no formarían parte de sus prioridades (como sí ocurrió con el Etnológico del Cauca), aunque los componentes “culturales” de esos municipios campesinos (cosmovisiones, tradiciones y costumbres) no fueron por completo excluidos como motivo de interés. [12]

Por otra parte, la urgencia por traer un experto idóneo para formar especialistas permite entrever que la ENS quería recuperar la formación de investigadores sociales, actividad que sufrió una pérdida con la separación del Etnológico Nacional. Este último, al ser unificado en 1945 con el Servicio de Arqueología y quedar como dependencia del Ministerio de Educación Nacional, perdió mucho de su carácter original como entidad que debía formar profesores con especialidades en distintas ciencias sociales. La idea de Nannetti con el Instituto de Antropología Social era devolver a la ENS el vínculo entre docencia e investigación social. Además, los contactos de este rector con el Smithsonian evidencian una voluntad de acercamiento a la academia estadounidense de posguerra promovida por la diplomacia pública de la potencia del norte y aprovechada por el Estado colombiano a mediados del siglo XX para promover la formación de técnicos y especialistas. Proponer a George M. Foster como enlace para contratar un antropólogo estadounidense reforzaba lo que sería el objetivo investigativo propio del Instituto: las comunidades campesinas colombianas. Foster era uno de los expertos mundiales sobre campesinado y su asesoría llegó a ser recurrente en los breves años de existencia del Instituto. [13]

No obstante, el Instituto de Antropología fue ante todo una iniciativa nacional por lo que el director debía ser un colombiano, en este caso Gabriel Ospina, uno de los antropólogos colombianos más capacitados en ese momento. También contó con la participación de otras instituciones educativas nacionales de prestigio, como la Universidad Nacional de Colombia, y. como se verá, llegó a establecer relaciones de cooperación con localidades rurales precisas, pues estas serían ámbitos de acción. Para satisfacción de Nannetti, Ospina aceptó el cargo de director del Instituto a fines de 1946, justo cuando el rector de la ENS anunciaba un viaje que lo llevaría por Estados Unidos y Europa durante los primeros meses de 1947. [14]

2. La misión del Instituto y su concepción de la antropología social

El componente misional del Instituto de Antropología Social de la ENS y un primer proyecto de concreto de investigación fueron adelantados entre mayo y diciembre de 1947. En un informe de labores rendido a inicios de 1948, el director Gabriel Ospina explicó cuál debía ser el principal objetivo del joven instituto anexo. Este debía consistir “(…) en llenar una de las grandes necesidades, como es la de conocer íntimamente todos los problemas rurales que atañen a Colombia y vincular de manera muy estrecha al magisterio en la solución de los mismos”. [15] Por su eficacia y pragmatismo científico, la antropología social era la disciplina adecuada para realizar “proyectos de planificación” que de manera constructiva propendieran por establecer “mejores relaciones entre el individuo y su ambiente”. [16]

Según Ospina, la antropología debía aplicarse para obtener un conocimiento completo de todos los aspectos de las comunidades rurales y de esta manera proponer intervenciones sociales que no fueran precipitadas, unilaterales o centradas únicamente en la tecnificación de la producción campesina:

(…) Los problemas no se pueden resolver unilateral o precipitadamente; la producción industrial o agrícola no aumentará ni satisfará las necesidades de nuestros campesinos si solo se intensifica el conocimiento de mejores herramientas y semillas seleccionadas. La campaña de desanalfabetización será más efectiva si propendemos al mismo tiempo por un mejoramiento económico y biológico e introducimos de manera paulatina y mediante estudios cuidadosos nuevos sistemas que moralicen al individuo y lo hagan sentir responsable de sus actos y miembro de un grupo social respetable. [17]

¿Cuál era el entorno espacial y sociopolítico ideal de aplicación de la investigación antropológica? Dicho entorno debían ser las llamadas comunidades colombianas de “tipo medio”, es decir los pueblos, los pequeños municipios propiamente dichos que proliferaban por el territorio colombiano. Sobre la base de criterios estadísticos, geográficos y económicos se elegiría uno de ellos para establecer un campamento que sería “(…) un laboratorio en donde se experimentará toda clase de cambios y campañas de cualquier entidad oficial o particular que tiendan o deseen el progreso de Colombia”. Desde ese municipio se transmitirían al resto del país los resultados de esas experiencias. De ahí el nombre del proyecto fundamental del Instituto, Municipio Modelo, “la primera base de reconstrucción cultural, económica y social del país”. La Escuela Normal Superior encontraría allí su contacto con la realidad colombiana y sus estudiantes obtendrían formación en terreno, datos sociales invaluables y servirían como ejemplo de civismo y responsabilidad a los vecinos de la localidad estudiada. [18]

3. El proyecto Municipio Modelo

Los criterios de selección de un municipio modelo respondieron tanto a las limitaciones logísticas y económicas del proyecto como a la necesidad de escoger una población que fuera representativa de los pueblos colombianos. Las variables fueron muy detalladas y permiten vislumbrar el ideal que se tenía sobre una población de “tipo medio” colombiano: el municipio habría de tener en su cabecera un máximo de mil habitantes y un mínimo de 500; estar ubicado en territorio quebrado, característica considerada como esencial del país; contar con una temperatura entre 18°C y 25°C; cobijar productos de tierra fría y caliente, con el café como un renglón principal; tener fácil comunicación con la capital; tener relación o contacto con el Río Magdalena, principal arteria fluvial de Colombia; predominio de la pequeña propiedad; homogeneidad política; no ser más antiguo de 100 años; con mercados locales y que prodigara una indispensable colaboración por parte de los vecinos. Todos estos criterios, contrastados con censos e informes municipales, llevaron a la elección del municipio de Vianí, ubicado en el departamento de Cundinamarca a unos 90 kilómetros de la capital colombiana. [19]

El proyecto Municipio Modelo estableció una ambiciosa investigación en terreno cuyos resultados fueron interrumpidos tanto por el desmonte de la ENS como por la propia finalización en 1952 del Instituto de Antropología del Smithsoniano cuyos fondos, provenientes del Instituto de Asuntos Interamericanos, fueron terminados dada la cancelación de dicha agencia estatal estadounidense (Castro, 2010: 70-72). En todo caso, vale la pena presentar esa metodología de campo, pues a partir de ella se alcanzaron a proyectar intervenciones que fueron una mezcla entre los enfoques modernizadores de posguerra y los métodos del higienismo y las campañas moralización de los sectores populares colombianos.

En primer lugar, el Instituto de Antropología Social propuso una detallada cartografía de Vianí, de la provincia en la cual estaba ubicado este municipio (Magdalena Centro) y del mismo departamento de Cundinamarca. Ello con el fin de precisar desde la conformación urbanística del municipio hasta las relaciones socioeconómicas y políticas interprovinciales y departamentales. En segunda instancia, con el mismo grado de minuciosidad, fueron concebidos censos para establecer el estado general de la población, las profesiones, las actividades agrícolas, ganaderas, industriales y comerciales, las formas de propiedad de la tierra, la vivienda, los combustibles usados, la presencia de “elementos varios” (radio, máquinas de coser, molino de maíz, automotores, etc.) y, bajo la rúbrica de “cultura”, una interesante lista de ítems: lugares de la república conocidos por cada persona, medios de transporte, analfabetismo, calzado, vestido, uso de cama o tarima, energía, acueducto, entre los principales datos. En tercer lugar, el Instituto propuso la elaboración de cuadros que explicarían las proporciones entre producción, importación y exportación de productos en el nivel regional e intermunicipal, así como las relaciones de amistad, enemistad e indiferencia existentes en la red de pueblos de la que formaba parte Vianí. Por último, se quisieron determinar todos los calendarios usados por la población (religiosos, cívicos, políticos, agrícolas, comerciales, familiares, “atmosféricos” y de organizaciones civiles, entre otros) y sus formas de movilidad. [20]

Toda esta información tendría que servir como insumo para diseñar campañas de intervención en niveles de la cotidianidad municipal y superar la mera asesoría técnica agrícola. El municipio campesino fue interpretado como unidad ideal para el progreso del país, con límites bien definidos, susceptible de ser reorganizado para conseguir la armonía entre las instituciones locales, los directorios de los partidos, las organizaciones civiles, los vecinos, el entorno ambiental, las actividades productivas y hasta del individuo consigo mismo en cuanto a su catadura moral y de responsabilidad por sus propios actos. De esta se realizaron algunas intervenciones educativas y cívico-morales en la “base cultural” en 1947, que abarcaron el establecimiento de “escuelas de desanalfabetización” y centros de diversión sana, la organización de los deportes y actividades que contribuyeran a elevar el nivel artístico y cultural de la población y el “buen aprovechamiento de las horas libres”. Todo esto enmarcado en un nacionalismo que promovía el “amor a la patria, a sus símbolos y a sus héroes”. El proyecto incluyó acciones correspondientes a la “Información y Orientación Campesina” que pretendieron guiar al campesino de manera completa, indicándole desde la correcta inversión de sus dineros hasta la construcción higiénica de su vivienda, pasando por la asesoría en el uso de la tierra y los cultivos más adecuados (todo ello sin consultar la opinión del propio campesinado). Adicionalmente fueron proyectadas actividades de coordinación entre las instituciones políticas, religiosas y administrativas locales, departamentales y nacionales para evitar una “descompensación de fuerzas” y promover una replicación de los resultados obtenidos en Vianí entre los municipios colindantes: Bituima, Chaguaní, San Juan de Ríoseco, Quipile, Guayabal de Síquima, Anolaima, Armero y Cambao. [21]

Aunque no ha sido posible determinar cuántos de estos planes específicos fueron llevados a cabo ni sus resultados, el Informe de 1948 –redactado a inicios de la conservatización de la ENS promovida por el rector Rafael Maya, seguramente para proteger al Instituto de las veleidades políticas– afirmaba que las campañas de desanalfabetización, higienización personal y de la vivienda, huertas caseras, conservación de suelos, instrucción cívica y aprovechamiento de las horas libres ya estaban en marcha o por iniciar en ese año. [22] El proyecto Municipio Modelo pareció haber logrado cierto arraigo en la población local. A fines de noviembre de 1951, el secretario del Club Social de Vianí, el señor Francisco Hernández, reclamó al ministro de Educación del ese momento, Rafael Azula Barrera, por la revitalización de las actividades del Instituto de Antropología Social, prácticamente suspendidas desde inicios de 1950, pues se consideraba que “(…) las investigaciones por él adelantadas son base esencial para el progreso y mejoramiento de esta región”. La actividad del Instituto se había materializado en la creación del Club Social, una Casa de la Cultura y una Escuela del Hogar cuyos beneficios y acciones locales habían contribuido “(…) a realzar la categoría de Municipio Modelo con que Vianí es conocido dentro y fuera de la República”. [23]

4. El final del Instituto

Pese a la politización interna de la ENS, tanto el proyecto Municipio Modelo como el Instituto de Antropología Social persistieron hasta 1951. En principio, estas dos iniciativas fueron “blindadas” a través de la diplomacia cultural. En la II reunión de la UNESCO realizada a fines de 1947 en México, Nannetti presentó un informe sobre la ENS donde destacaba su importancia para el sistema cultural educativo colombiano y presentaba una institución sólida y bien organizada, que incluía como avance reciente la creación del Instituto de Antropología Social (Nannetti, 1947: 15-16). En esa misma reunión, antes de su inesperado despido de la rectoría por el gobierno de Ospina, Nannetti también presentó la iniciativa del Municipio Modelo como un “Proyecto Piloto” aplicable no solo para Colombia sino en otros países de América Latina. Allí recibió el apoyo y las recomendaciones del organismo multilateral, aunque no puede decirse con seguridad si obtuvo financiación de esta entidad. En virtud de este apoyo de un organismo multilateral, el rector conservador de la ENS durante 1949, Julio César García, pidió al presidente Mariano Ospina Pérez su presencia en Vianí para la conmemoración de la fundación del municipio el 11 de noviembre de 1948. [24] Adicionalmente, la colaboración del Smithsonian con el Instituto Etnológico Nacional, la Universidad del Cauca y el Instituto de Antropología Social de la ENS fue elevada el 24 de noviembre de 1950 a acuerdo diplomático para la cooperación en investigación antropológica con los Estados Unidos. Esta debía traducirse en entrenamiento de investigadores nacionales, apoyo para realizar trabajos de campo y publicación de resultados (Department of State, 1952: 398-400). Sin embargo, como se mencionó, los problemas administrativos y financieros de la ENS no permitieron la contratación de un antropólogo estadounidense que ofreciera los cursos especializados, por lo que el componente docente del proyecto en Vianí y sus ambiciones en terreno se quedaron a medias. [25] El desmonte de la ENS en 1951 y el fin del Instituto de Antropología Social del Smithsonian en 1952 incidieron en la terminación completa del proyecto Municipio Modelo y del Instituto de Antropología Social.

Conclusiones

El caso del Instituto de Antropología Social de la ENS y el proyecto Municipio Modelo, iniciativas frustradas de la antropología colombiana, deparan al menos tres aprendizajes académicos e históricos. Primero, pese a la exitosa profesionalización de la antropología colombiana en la década de 1940, su marco institucional y ejercicio profesional fueron vulnerables a los fuertes cambios en la política colombiana de la época. En el caso del Instituto de Antropología Social, su gestación en el momento de transición entre la hegemonía liberal y la conservadora afectó su funcionamiento y perduración. La Escuela Normal Superior fue objeto de ataques partidistas, por sus supuestas afiliaciones liberales e izquierdistas, y su disolución golpeó directamente al joven Instituto. No obstante, con la creación en 1952 del Instituto Colombiano de Antropología (ICAN), que absorbió el legado institucional de la entidad motivo de este artículo, es posible resaltar el importante papel adquirido por la disciplina antropológica, aún bajo los gobiernos autoritarios de mediados del siglo XX en Colombia. En este sentido, la antropología colombiana ha sido una disciplina pública que ha crecido con el proceso de modernización y la construcción del Estado-nación colombiano.

Segundo, desde sus mismos orígenes, la antropología nacional se ha desarrollado en el marco de relaciones transnacionales y geopolíticas que han llegado a determinar en buena medida sus intereses, referentes teórico-metodológicos y hasta componentes logísticos y financieros. El Instituto de Antropología Social fue creado en contacto con la academia estadounidense, en un momento donde los Estados Unidos buscaban imponerse no sólo como un referente técnico-científico mundial sino como una potencia cultural, relevando a Europa y desprestigiando a la competencia comunista en la temprana Guerra Fría. Por otra parte, el proyecto de Vianí también reflejó la incidencia de los organismos multilaterales de posguerra y su esfuerzo por asesorar y formular directrices económicas, sociopolíticas y culturales de aplicación global desde los centros de poder metropolitanos.

Tercero, pese a la terminación institucional del Instituto de Antropología Social y de la propia ENS, sus aportes académicos e investigativos no tuvieron un final absoluto. El enfoque promovido por el Instituto, centrado en el progreso local y el campesinado, fue continuado, con las respectivas transformaciones, en investigaciones y proyectos de intervención llevados a cabo en las décadas de 1950-1960, e incluso más adelante, con especial participación de otra disciplina en ascenso para esos años: la sociología. Por su parte, el legado de la ENS tuvo cierta continuidad en las dos instituciones en que fue dividida tras su desmonte: la Escuela Normal Universitaria femenina, que quedó en Bogotá, y la de varones, establecida en Tunja (Boyacá). Ambas fueron los antecedentes de dos importantes universidades públicas actuales, la Universidad Pedagógica de Colombia y la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia. Reconocer estas continuidades y rupturas requiere que la historiografía sobre la antropología colombiana se mueva con mayor decisión más allá los orígenes de la disciplina en la República Liberal (lo que no significa dejar de estudiarlos). De esta manera, pueden resurgir actores e instituciones muy poco conocidas como el Instituto de Antropología Social de la Escuela Normal Superior.

Bibliografía.

a) Fuentes primarias:

Archivo General de la Nación (AGN). Fondo Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) (Bogotá, Colombia).

Archivo Institucional Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC). Fondo UPTC (Tunja, Colombia).

Diario Oficial. Imprenta Nacional de Colombia.

b) Fuentes secundarias:

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Valencia Gutiérrez, Alberto. 2015. La invención de la desmemoria. El juicio político contra el general Gustavo Rojas Pinilla en el Congreso de Colombia (1958-1959). Cali: Editorial Universidad del Valle.




[1Esta artículo está basado en resultados de mi investigación doctoral inédita Estado, política cultural y Restauración Conservadora en Colombia (1946-1957) (Programa Doctoral en Historia, Departamento de Historia, Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia) y en la ponencia presentada en el XVI Congreso de Antropología en Colombia y V de la Asociación Latinoamericana de Antropología (Bogotá, 6-9 de junio de 2017). Agradezco el apoyo de la antropóloga Aura Reyes, así como de los miembros del grupo de investigación Antropología e Historia de la Antropología en América Latina (AHAAL). Correo: hernando.pulido@urosario.edu.co

[2Esta noción de modernización conservadora está basada en la propuesta de Jeffrey Herf sobre un “modernismo reaccionario” para Alemania hacia finales de la República de Weimar y durante el Tercer Reich (Herf, 1990). Por otra parte, la idea de “modernización conservadora autoritaria” ha sido usada de manera fructífera para comprender la política cultural y educativa, especialmente en el campo universitario, durante la dictadura brasileña (1964-1985) (Ver: Patto Sá Motta, 2014: 48-65).

[3Desde 1949 hasta finales de 1957, el Congreso colombiano, así como las Asambleas Departamentales y los Concejos Municipales, no funcionaron normalmente. El gobierno legisló básicamente a través de decretos amparados en el recurso permanente al “estado de sitio” (Deas, 2015: 73-80).

[4Decreto No. 718 de marzo 20 de 1945.

[5Archivo Universidad Nacional Pedagógica y Tecnológica de Colombia (Tunja, Boyacá, Colombia) (UPTC). Fondo UPTC. Vicerrectoría Académica. Tomo 101. Salas Trujillo al Ministro Antonio Rocha. Bogotá, mayo 22, 1945, f. 204.

[6Archivo UPTC. Fondo UPTC. Vicerrectoría Académica. Tomo 101. “Guillermo Nannetti a Paul Rivet (en París)”. Bogotá, octubre 20, 1945, f. 331.

[7Archivo UPTC. Tomo 106. Nannetti a John Gillin, Universidad de Carolina del Norte, y a Gerardo Molina, rector de la Universidad Nacional de Colombia. Bogotá, agosto 16, 1946, ff. 203-204; Nannetti a Gabriel Ospina y a John Gillin, Bogotá, septiembre 16, 1946, ff. 225 y 228, respectivamente.

[8Entre 1945 y 1951 la ENS tuvo 4 rectores: Guillermo Nannetti (1945-1947), Rafael Maya (1948), Julio César García (1949) y Rafael Tovar Ariza (1950-1951).

[9Archivo UPTC. Tomo 106. Nannetti a John Campbell, agregado cultural de la embajada americana. Bogotá, noviembre 15, 1946, ff. 283.

[10Nannetti a Campbell, ff. 283-284.

[11En medio de importantes dificultades financieras, administrativas y las relacionadas con la proliferación de la violencia política, puede decirse que el Instituto Etnológico del Cauca (Popayán, Colombia), dirigido por el antropólogo Gregorio Hernández de Alba (1904-1973), logró captar mejor la cooperación académica estadounidense. Por ejemplo, especialistas como John H. Rowe, especialista en culturas amerindias andinas, tuvieron un impacto significativo en dicha entidad de investigación regional (Llanos y Romero, 2016: 131-134).

[12Desborda los propósitos de este artículo explicar las implicaciones en Colombia de los debates internacionales de la década de 1950 sobre las nociones enfrentadas de “antropología social” y “antropología cultural” (para los detalles de las discusiones en las antropologías metropolitanas: Dianteill, 2012: 93-122).

[13Archivo UPTC. Tomo 106. Nannetti a George Foster, jefe del Instituto de Antropología Social del Instituto Smithsoniano. Bogotá, noviembre 15, 1946, f. 285. Ese mismo día, Nannetti enteró a John Gillin de sus comunicaciones con John Campbell en Bogotá y George Foster en Washington. Nannetti a Gillin. Bogotá, noviembre 15, 1946, f. 294. Desde Chapel Hill, Gillin agradeció la hospitalidad de Nannetti en Bogotá y prometió quedar pendiente de la organización del Instituto. Gillin a Nannetti, Chapel Hill, septiembre 2, 1946, f. 356.

[14Archivo UPTC. Tomo 106. Guillermo Nannetti a Gabriel Ospina. Bogotá, diciembre 16, 1946, f. 341.

[15Archivo UPTC. Tomo 112. Informe que el Director del Instituto de Antropología Social rinde al Señor Rector de la Escuela Normal Superior y por su conducto a los Señores Ministro de Educación Nacional y Gobernador de Cundinamarca. Bogotá, s.f., probablemente enero de 1948., ff. 31-46 (de aquí en adelante: Informe). El informe dio cuenta de las actividades realizadas entre el 20 de mayo y 31 de diciembre de 1947.

[16Informe, f. 32.

[17Informe, f. 33.

[18Informe, f. 34.

[19Informe, ff. 34-36.

[20Informe, pp. 36-40.

[21Informe, ff. 40-41.

[22Informe, f. 43.

[23Archivo General de la Nación (AGN). Fondo Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH). Francisco Hernández, secretario del Club Social de Vianí al ministro de Educación, Azula Barrera. Vianí, noviembre 28, 1951. Caja 5, carpeta 4. Correspondencia recibida, f. 196.

[24Informe, ff. 45-46 y Archivo UPTC Tomo 111. Julio César García a Mariano Ospina Pérez. Bogotá, octubre 25, 1948, f. 176.

[25Sobre la contratación del antropólogo estadounidense: Archivo UPTC. Tomo 112. Maya a Jacob Canter. Bogotá, diciembre 18, 1947, ff. 47-48; Tomo 115. García a Canter. Bogotá, marzo 9, 1949, ff. 96-97; y Tomo 117. Canter a García. Bogotá, septiembre 16, 1949, ff. 437-438.