« Un exhaustivo documentador de la historia del hombre : Vida y obra de Robert Lehmann‑Nitsche »

par Diego Ballestero

Universidad Nacional de La Plata (Argentine)


2018

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Ballestero, Diego, 2018. « Un exhaustivo documentador de la historia del hombre : Vida y obra de Robert Lehmann‑Nitsche » in Bérose, Encyclopédie en ligne sur l’histoire de l’anthropologie et des savoirs ethnographiques, Paris, IIAC-LAHIC, UMR 8177.

El 10 de julio de 1897 el alemán Robert Lehmann-Nitsche (1872-1938) arribó al puerto de Buenos Aires (Argentina). Con tan solo 25 años, dos títulos universitarios y poca experiencia en la práctica antropológica, llegó para asumir el puesto de Jefe de la Sección Antropológica del Museo de La Plata, el cual había sido dejado vacante por el etnólogo holandés Herman ten Kate Jr. (1858-1931).

Lehmann-Nitsche nació en Radomitz (provincia de Posen), en el seno de una familia dedicada a los negocios agrícola-ganaderos. Entre 1890 y 1896 estudió en las universidades de Freiburg, Berlin y München. En las dos primeras su participación fue irregular, tomando seminarios de Matemáticas, Ciencias Naturales y Medicina. En la última sus estudios fueron más sistemáticos y continuos, obteniendo los doctorados en Filosofía (1894) y Medicina (1897) [1] (Ballestero 2013).

En una semblanza sobre su persona y su trabajo en la Argentina, el arqueólogo argentino Fernando Márquez Miranda (1897-1961) recordó que “A su llegada [en referencia a Lehmann-Nitsche], múltiples problemas de la vida primitiva solicitaron su interés” (Márquez Miranda 1938: 126). En este sentido, comenzó con una serie simultánea de estudios que abarcaron craneología, antropometría, paleoantropología, lingüística y folklore. Esta ecléctica temática respondió principalmente a la adaptación al contexto local de los lineamientos y los intereses de los programas de investigación promovidos, particularmente, desde los espacios antropológicos alemanes. Tal como da cuenta la correspondencia privada sostenida con diversos miembros de su familia en el primer lustro desde su llegada a la Argentina, Lehmann-Nitsche siempre pensó su estadía en el país como algo transitorio entre el final de su carrera universitaria y el comienzo de la actividad profesional en alguna unidad académica o institucional alemana. [2]

El estudio de las colecciones osteológicas del Museo de La Plata

Los primeros cinco meses de Lehmann-Nitsche frente a la Sección de Antropología del Museo de La Plata estuvieron dedicados a la limpieza de las instalaciones y el ordenamiento de la gran cantidad de materiales presentes en la misma. A partir de esto, y por recomendaciones de ten Kate, comenzó con la redacción de una serie de trabajos vinculados con las patologías raciales, craneología y la antropometría, temáticas desarrolladas en sus dos tesis doctorales [3].

La importancia de los restos óseos radicó tanto en el nivel teórico como económico. Los estudiosos consideraron que los mismos tenían un valor epistémico distinto al de las fuentes escritas. En comparación a estas últimas, subjetivas y supeditadas a la modificación, los restos óseos fueron caracterizados como imparciales, precisos y objetivos. En consecuencia, la demanda por estos elementos creció significativamente. En un competitivo mercado global internacional, con agresivas políticas de adquisición implementadas por las instituciones, Lehmann-Nitsche capitalizó a su favor el acceso irrestricto y casi exclusivo a las importantes colecciones osteológicas del Museo de La Plata.

Con esta primera serie de trabajos Lehmann-Nitsche buscó el establecimiento de una regularidad práctica y discursiva en los estudios craneológicos sobre poblaciones indígenas desarrollados en Argentina, lo cual además le permitió integrar y comparar el cuerpo de datos generados con los trabajos y proyectos que operaron a nivel transnacional y transcontinental. En consecuencia, introdujo primeramente ciertas reflexiones de orden teórico en torno al concepto de “raza” y la importancia del método comparativo como el único capaz de descubrir diferencias y semejanzas para “estudiar, en primer lugar, la posición del hombre con relación al reino animal” y luego poder establecer la comparación de los individuos entre sí (Lehmann-Nitsche 1899: 124). Criticando las representaciones raciales hechas bajo la doctrina del anatomista suizo Adolf Retzius (1796-1860), exhortó a incluir nuevas variables como el sexo, las patologías, características individuales, grupos etarios, la “raza” y finalmente la influencia de la cultura en la definición de tipos craneales (Lehmann-Nitsche 1904a).

Los elementos de las colecciones óseas fueron insertos por Lehmann-Nitsche en discusiones internacionales sobre cirugía prehistórica y paleoantropología. Para esto montó un “gabinete patológico” haciendo uso de una colección de 300 cráneos y cerca de 2.000 huesos sueltos. A partir de los mismos presentó evidencia material sobre procedimientos quirúrgicos tales como trepanaciones y perforaciones. A partir de las características craneales y las marcas visibles, Lehmann-Nitsche estableció paralelismos etnográficos con los procesos operatorios y post-operatorios de las poblaciones neolíticas europeas y grupos indígenas contemporáneos de África, Oceanía y Sudamérica (Lehmann-Nitsche 1898a, 1902, 1916a).

Los huesos largos de las extremidades superiores e inferiores fueron utilizados en el estudio de enfermedades de inflamación ósea crónica, resultados a partir de los cuales infirió conclusiones sobre la tolerancia al dolor, la expresión diferencial de las emociones y patrones de movilidad en las poblaciones indígenas. Estas investigaciones, las cuales englobó dentro de la “antro-patología”, fueron complementadas con el estudio de piezas arqueológicas, consideradas, en su carácter de testimonios materiales, un registro inmutable de la enfermedad. De esta forma el análisis de la importante colección de huacos peruanos sirvió para aportar datos a la discusión internacional sobre la existencia de la lepra en épocas precolombinas (Lehmann-Nitsche 1898a, 1898b).

La observación sobre individuos vivos: atropometría y somatología

En otro orden de cosas, Lehmann-Nitsche también condujo estudios antropométricos y somatológicos sobre individuos vivos. Los mismos nos permiten señalar ciertos puntos sobre el trabajo de campo entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Primeramente, este momento de la práctica antropológica estuvo configurada y recortada por la necesidad de “poseer” el objeto en sí. De esta forma, los estudiosos realizaron trabajo de campo en espacios que aseguraron la concentración de su objeto de estudio. En este sentido, al momento de estudiar los cuerpos de los individuos, Lehmann-Nitsche supo combinar las excursiones al campo propiamente dicho junto con observaciones realizadas en hospitales psiquiátricos, cárceles o ferias comerciales. Uno de los puntos en común en estas investigaciones fue la posibilidad de describir casos de patologías médicas “raras” ya se tratase de un caso de hendidura media congénita de la parte facial superior en un joven de la ciudad de La Plata o uno de braquifalangia observado en una mujer selknam en la Misión Salesiana de Río Grande en Tierra del Fuego (Lehmann-Nitsche 1903, 1904b).

Es menester señalar que algunas de estas investigaciones fueron realizadas por Lehmann-Nitsche a favor de una remuneración económica, tal como su intervención como perito de parte en un caso de homicidio en el que debió extrapolar el potencial comportamiento del acusado a partir de la observación e interpretación de sus características anatómicas, o bien otros en los que evaluó el estado psíquico y físico de los acusados o intervino en casos de filiación natural e hijos adoptados (Lehmann-Nitsche 1917, 1919). Así, los alegatos presentados por el esquema médico-penal y la compleja maquinaria de disciplinas y regulaciones del Buenos Aires finisecular fueron sustentados a partir de pruebas calificadas, objetivas y científicas derivadas de las técnicas de observación e interpretación de las variedades morfológicas y psicológicas que la Antropología había perfeccionado a lo largo de su historia.

Fuera de las investigaciones remuneradas, el principal interés de Lehmann-Nitsche en estos años fue la documentación antropométrica y fotográfica de aquellos grupos que la tradición antropológica alemana denominó “pueblos naturales” (Naturvölker), los cuales, junto con los “pueblos culturales” (Kulturvölker) constituyeron la división básica de la humanidad. Los primeros fueron considerados pueblos sin historia escrita y con una mayor cercanía a la naturaleza, ofreciendo por lo tanto una forma de “acceder” al pasado y comprender el camino evolutivo de las poblaciones europeas (Penny y Bunzl 2003).

Consecuentemente, en la ciudad de Buenos Aires estudió una familia selknam expuesta en La Exposición Nacional de la Industria de Buenos Aires (1898). Un año más tarde, condujo investigaciones similares sobre un grupo de 23 individuos del grupo toba que habían sido detenidos transitoriamente en el asilo del “Buen Pastor” (Buenos Aires). Los mismos habían sido contratados por un empresario circense a fin de formar parte de una gira europea de la obra “Martín Fierro” y ser exhibidos en la Exposición Universal de París (1900) (Lehmann-Nitsche 1904c). En 1908 realizó fotografías y mediciones sobre una joven aché recluida en la colonia psiquiátrica de Melchor Romero (Lehmann-Nitsche 1908a). Como podemos apreciar, entre fines del siglo XIX y principios de siglo XX lugares como ferias de exhibición, asilos de inmigrantes o instituciones psiquiátricas ofrecieron a los antropólogos una solución práctica y económica al problema del viaje, brindando un espacio en la cercanía de los centros urbanos donde realizar sus estudios sobre poblaciones indígenas.

Lehmann-Nitsche complementó estas investigaciones en espacios urbanos con una serie de excursiones a Tierra del Fuego (1902), Córdoba (1903), el noroeste argentino (1906), Río Negro (1915-1918), Napalpí(1924) y Curamalal (1925). En las mismas realizó diversos estudios somatométricos, relevó material arqueológico y acopió sistemáticamente vocabulario indígena, fotografías y fonograbaciones (Lehmann-Nitsche 1906, 1916a, 1916b, 1916c, 1916d, 1927) [4] .

Para dichas investigaciones se valió de una importante red de individuos que lo proveyeron de la infraestructura material y logística que garantizaron el suceso de las investigaciones fuera del espacio controlado y confortable de la ciudad. Esto le permitió, por un lado, hacer frente a los fenómenos multivariados, complejos e incontrolables que afectan las prácticas sobre el terreno y, por el otro, a las dificultades económicas y materiales que implicaban las excursiones al interior del país, dificultades resultantes de las inestabilidades institucionales y monetarias del Museo de La Plata. Como podemos apreciar, la naturaleza y extensión de las mismas no estuvieron exclusivamente supeditadas a la voluntad de los estudiosos (Ballestero 2013).

Dentro de este conjunto interconectado de redes, destacaron las misiones religiosas salesianas y las comisarías del sur argentino junto con los ingenios azucareros y las reducciones indígenas noroeste, emplazamientos que se suman a las casas de diversos individuos que alojaron a Lehmann-Nitsche en el transcurso de sus excursiones al campo. En dichos espacios este último llevó adelante su conjunto de investigaciones, en las cuales además participaron activamente los propietarios de los mismos ya fuera tomando apuntes, convenciendo y/u obligando a los indígenas a que se dejaran estudiar o bien realizando ellos mismos las investigaciones en base a las indicaciones de Lehmann-Nitsche.

Esto nos permite señalar dos elementos interesantes. Por un lado, el “laboratorio” no fue un espacio físicamente definido que ocupó un lugar determinado y específico, sino que se constituyó a través de un complejo entramado de prácticas específicas, junto con las tecnologías materiales y discursivas asociadas con las mismas (Latour y Woolgar 1986; Lynch 1991; Shapin 1988). Por otro lado, pone de manifiesto la necesidad de contar con el auxilio de personas locales en una tarea que, lejos de la sociabilidad compartida por los estudiosos en el espacio cerrado del laboratorio o la academia, se realizó en contextos por fuera del dominio exclusivo de la ciencia (Kuklick y Kohler 1996).

El estudio de las tradiciones “populares”

A la par del estudio de los cuerpos de los vivos, Lehmann-Nitsche se abocó a la recolección (casi compulsiva) de material folklórico en formato escrito y sonoro, siendo esta una de sus líneas de investigación más sistemática y constante en el tiempo. Estas fueron principalmente influenciadas por la línea de trabajo establecida hacia principios del siglo XIX por la obra filológica de los hermanos Jacob (1785-1863) y Wilhelm Grimm (1786-1859) [5].

Al igual que sucediese con sus estudios de antropología física, aquellos sobre las tradiciones populares estuvieron signados por la premura de rescatar, coleccionar y catalogar la mayor cantidad de tradiciones posibles, las cuales fueron concebidas como “vestigios materiales del pasado”.

Hacia la última década del siglo XIX los procesos de movilidad, asimilación e hibridación de las tradiciones culturales de grupos indígenas, inmigrantes y pobladores locales dieron lugar a una ampliación de los espacios por donde estas circularon y adquirieron significado como objeto de estudio (Prieto 2006). Consecuentemente, al momento que Lehmann-Nitsche arribó al país ya se contaba con una producción literaria consagrada al estudio de estas tradiciones, la cual, en concordancia con los parámetros de investigación esgrimidos en Inglaterra y Estados Unidos, entendía a las mismas como esenciales al momento de comprender las “razas primitivas” y los diversos acontecimientos de la historia nacional.

Entre las principales redes de aprovisionamiento de material folklórico utilizadas por Lehmann-Nitsche podemos mencionar el conjunto de editores, librerías y casas editoras, el cual, ante la limitación impuesta por las pautas de consumo y los vaivenes del mercado literario, fue complementado con diversos materiales adquiridos en puestos de revistas, estaciones de ferrocarril, la prensa local y finalmente el intercambio epistolar con otros individuos interesados en este tipo de estudios. Si bien el uso de estas redes facilitó la consecución de datos sin necesidad de un desplazamiento físico, Lehmann-Nitsche realizó trabajo de campo en diversas estancias de residentes alemanes en el país o bien lugares como prostíbulos, fondas, bares y puertos.

Así, Lehmann-Nitsche recopiló un vasto corpus documental que incluyó temas como literatura gauchesca, noticias policiales e históricas, folletos sicalípticos, política nacional e internacional, novelas, piezas teatrales, musicales, manuales de comportamiento social, cuentos y refranes erótico-escatológicos o juegos para niños. A su vez la procedencia de estos elementos no se limitó a Argentina, sino que incluyó países limítrofes junto con algunos europeos como Italia y España. Gran parte de estos materiales fue utilizado en su amplia serie “Folklore Argentino”, quedando a su vez un considerable número de manuscritos inéditos [6].

A partir de este conjunto de elementos materiales, Lehmann-Nitsche se planteó indagar la psicología étnica de un grupo específico, propuesta similar a la de otros estudiosos alemanes residentes en América como Franz Boas (1858-1942) o Rudolf Lenz (1863-1938). Para estos la estructura psicológica de los grupos estudiados solo era posible a través de los elementos materiales que estos producían, considerados como contenedores mismos del pasado (Boas 1891, Lenz 1909).

Siguiendo a estos autores, especialmente a Lenz, el cual asesoró intensamente a Lehmann-Nitsche en estas investigaciones a través de la correspondencia privada, este último ambicionó construir una amplia base de datos a partir de la cual establecer explicaciones pan-americanas para el folklore argentino, el cual concibió como una expresión local de un fenómeno mucho más amplio en el cual convergieron múltiples expresiones culturales, las cuales tenían su punto de origen en los países ibéricos.

Sin embargo, tal como le advirtió el historiador argentino Ernesto Quesada (1858-1934), la relevancia dada a las tradiciones culturales de los grupos subalternos no sería fácilmente aceptada por los sectores más conservadores de la sociedad o de la academia. Hacia la primera década del siglo XX, desde el poder político se orquestaron y ejecutaron una serie de iniciativas destinadas estructurar, definir e instaurar la identidad y el patrimonio cultural “argentino” ante el cada vez mayor número de inmigrantes europeos e indígenas desplazados (Chiaramonte 1997, Halperín Donghi 2005).

Este rechazo también se cristalizó en diversas columnas periodísticas, las cuales criticaron el uso de bares, puertos o fondas por parte de Lehmann-Nitsche como espacios donde realizar trabajo de campo, el verdadero aporte de esta serie de trabajos al estudio de las tradiciones culturales argentinas y, especialmente, que los mismos fueran realizados por un extranjero.

Los registros de música “exótica” y popular”

A la par de esta recolección sistemática de documentos escritos referentes a las tradiciones culturales, una de las principales contribuciones de Lehmann-Nitsche al estudio de las mismas fue la implementación de nuevas tecnologías para su recolección, clasificación y distribución. En este sentido, y motivado especialmente por Rudolf Lenz, realizó entre 1905 y 1909 cerca de 250 grabaciones fonográficas. Compiladas en 125 cilindros de cera, incluyeron diversas expresiones musicales populares (con o sin acompañamiento) junto con música y vocabulario indígena (Aretz 1991, Bilbao 2004, Cáceres Freyre 1972, García y Chicote 2008).

Las voces y las piezas musicales del Otro cultural fueron concebidas por los estudiosos como un vestigio del pasado el cual, gracias a las tecnologías que permitieron su materialización, inscripción y almacenamiento, pudo ser estudiado una y otra vez en el presente (Jackson 2006, Kursell 2008, Nettl 1991). Según el musicólogo austriaco Erich von Hornbostel (1877-1935), el fonógrafo era un dispositivo medial que por un lado conservaba los registros sonoros de la manera más “fiel” y “objetiva” posible y por el otro permitía la repetición de la experiencia en un ambiente controlado, condiciones esenciales del empirismo y la objetividad científica [7] (Hornbostel 1906: 43).

A fin de adquirir el instrumental necesario para las grabaciones, Lehmann-Nitsche escribió a la comisión del Phonogramm-Archiv de Viena, el archivo audiovisual de investigación más antiguo del mundo. Estos le recomendaron comprar el fonógrafo que ellos promocionaban, el cual descartó por su peso (35 kilos), que consideró problemático para un eventual traslado al campo. Siguiendo las sugerencias del etnólogo austríaco Felix von Luschan (1854-1924) compró un gramófono común.

Las recomendaciones de von Luschan respondieron también a su activa cooperación con los proyectos de cartografía musical del Phonogramm-Archiv de Berlín, los cuales buscaron asegurarse una red de colaboradores que los proveyesen de grabaciones fonográficas de diversas partes del mundo, individuos entre los cuales se encontró Lehmann-Nitsche.

Entre el 19 de enero y el 2 de marzo de 1905 realizó una serie de registros hablados, cantos y ejecuciones con el arco musical de un grupo de 7 tehuelches que volvían de Estados Unidos, donde había sido expuesto en la Louisiana Purchase Exposition de Sant Louis, y realizaron una breve estancia en La Plata. Para ese entonces Lehmann-Nitsche se encontraba planificando un eventual viaje de campo a la Patagonia, lo cual se presentaba como una dificultad al momento de transportar los rollos al terreno y exponerlos a las particulares condiciones ambientales de dicha zona, lo cual pudo ser resuelto al realizar las grabaciones en el Museo de La Plata (Lehmann-Nitsche 1908b).

En forma similar, entre el 16 de febrero y el 11 de mayo de 1905, realizó en su domicilio particular 34 sesiones de grabación de música folklórica y tango, registrando 36 cantantes. El resultado fueron 125 cilindros de cera compilados bajo el rotulo “Música Criolla”, los cuales, al igual que las grabaciones de los Tehuelches fueron enviados al Phonogramm-Archiv de Berlín (García 2006, García y Chicote 2008, Lehmann-Nitsche 2009).

Finalmente, entre el 01 y el 15 de agosto de 1906, registró cantos y vocabulario de indígenas chiriguanos, chorotes, tobas y wichís que se encontraban trabajando temporalmente en el ingenio azucarero La Esperanza (San Pedro de Jujuy), propiedad de los comerciantes y empresarios ingleses Walter (1858-1944) y William Leach (1851-1932) (Lehmann-Nitsche 1906). Estos últimos desempeñaron un activo papel en las investigaciones realizadas por Lehmann-Nitsche. Diariamente enviaron indígenas a una habitación que le habían ofrecido a este último para que realizara sus trabajos, interviniendo también ante la posible resistencia que los indígenas pudieran presentar. Estos, a diferencia de los tehuelches, los cuales incluso recomendaron a Lehmann-Nitsche la mejor forma de realizar los registros, se opusieron a ser grabados ya que creían que el fonógrafo, al registrar y reproducir sus voces, tomaba sus almas (Ballestero 2013).

Ante la situación descripta, Lehmann-Nitsche implementó diversas estrategias. Una de estas consistió en la negociación abierta con los portavoces del grupo. Estos últimos, conscientes de las necesidades de Lehmann-Nitsche, exigieron un pago monetario previo a dejarse grabar, fotografiar y medir. Otra fue embriagar a los indígenas y obtener los registros sin necesidad de mediaciones o negociaciones. Estas estrategias implementadas fueron habituales en los trabajos realizados en las excursiones al campo por parte de los estudiosos de la época, a pesar de que las mismas no figuren en los informes impresos o los trabajos publicados. El resultado consistió en 30 cilindros de cera, los cuales fueron remitidos en 15 cajas al Phonogramm-Archiv de Berlín.

El fonógrafo fue para los estudiosos un dispositivo que permitía la conservación precisa y objetiva del patrimonio inmaterial de los grupos humanos que estudiaban. Los cantos y las palabras grabadas contuvieron en sí mismas el pasado que era de interés para los estudiosos y se veía amenazado por el inexorable paso del tiempo. Convertidos en unidades maleables, transferibles y flexibles, fueron plausibles de ser almacenados y principalmente ser transportados a cualquier punto del planeta (Brady 1999; Kittler et al 1987; Maisonneuve 2006).

La construcción de una cartografía etnográfica

El interés en el mencionado patrimonio inmaterial de los grupos humanos se vinculó con un cambio al interior de la disciplina, que hacia la primera década del siglo XX no solo se centró en la construcción matemática de las “razas” sin que además buscó penetrar en la psiquis de los grupos indígenas, lo cual incluyó la recolección de sus vocabularios y mitos. Estas investigaciones se encuentran entre las más sistemáticas y continuas de Lehmann-Nitsche. Para este último los estudios lingüísticos eran el “hilo de Ariadna” en la clasificación etnográfica de los grupos indígenas sudamericanos, un enfoque que según él ya “había mostrado su efectividad” (Lehmann-Nitsche 1923 : 21).

Los trabajos lingüísticos y mitológicos de Lehmann-Nitsche fueron influenciados por aquellos de los etnológos alemanes Paul Ehrenreich (1855-1914), Karl von den Steinen (1855-1929), Franz Boas (1858-1942), Konrad Preuss (1869-1938), Theodor Koch-Grünberg (1872-1924) y finalmente Rudolf Lenz. Con diversos matices estos autores cuestionaron la clasificación racial basada únicamente en las características morfológicas u osteológicas, abogando por un enfoque filológico, asegurando que el mismo permitía establecer relaciones interétnicas y determinar patrones de migración.

En esta serie de trabajos Lehmann-Nitsche sacó provecho de la realidad de los grupos indígenas en la Argentina de fines del siglo XIX. Recordemos que como resultado de las campañas militares de anexión territorial iniciadas en la década de 1850, un gran número de indígenas se vieron forzados a desplazarse a los centros urbanos ya fuera para formar parte del precarizado proletariado o bien para ser exhibidos como objetos exóticos. De esta forma, en 1898 recopiló vocabulario del grupo selknam exhibido en Buenos Aires. Un año más tarde transcribió cuentos cortos de un joven mapuche que trabajaba como bombero en la ciudad de La Plata. Este último no solo se encargó de recolectar historias y vocabularios para él, sino que le granjeó el acceso a la comunidad mapuche local, pudiendo establecer una amplia red de informantes y colaboradores que se extendió, incluso, hasta el interior del país.

Esta dinámica estructura garantizó el éxito de las campañas de Lehmann-Nitsche al norte de la provincia de Buenos Aires y el noreste de la Patagonia entre 1911 y 1925. Alojándose en la casa de sus informantes, las cuales funcionaron como espacios nodales estratégicos y logísticos, obtuvo un cuantioso volumen de cuentos y vocabulario mapuche y puelche. Los mismos se sumaron aquellos de los grupos yagan, kawésqar y selk’nam que recopiló en oportunidad de su trabajo de campo en Tierra del Fuego hacia 1902 (Lehmann-Nitsche 1916a, 1916b, 1916c).

A partir de este conjunto de datos propuso una clasificación gloso-étnica de las poblaciones indígenas de la Patagonia, sugiriendo además agrupar todas las lenguas de dicha zona bajo un solo grupo lingüístico que denominó “Tshon” (Lehmann-Nitsche, 1913).

En forma similar, y a partir de recomendaciones de Rudolf Lenz, desde 1903 comenzó a establecer una base de datos lingüísticos para el norte argentino. Especialmente para la zona del Gran Chaco fue relevante la ayuda del alemán Friedrich Mayntzhusen (1873-1949), quien gracias a sus 40 años de residencia en la colonia que este fundó, pudo trabajar en forma sistemática sobre los grupos aché del Paraguay. A cambio de bibliografía actualizada e instrumental antropológico de difícil consecución en Paraguay, Mayntzhusen no solo se encargó de proveer a Lehmann-Nitsche un continuo flujo de datos lingüísticos y antropométricos, sino de indígenas que fueron trasladados por el primero hacia Buenos Aires.

Durante estos relevamientos también recopiló explicaciones e interpretaciones indígenas sobre los fenómenos astronómicos y meteorológicos, tratando de demostrar la existencia de un sustrato mitológico-explicativo pan-americano, el cual posteriormente comparó con Europa, Asia y Oceanía. Así, dio cuenta de temas como el diluvio y las mareas altas entre los grupos patagónicos o las constelaciones en los grupos del Chaco (Lehmann-Nitsche 1938). Esto se tradujo a su vez en un giro en sus investigaciones arqueológicas, las cuales tuvieron por objetivo brindar sustento y pruebas materiales en donde estos componentes esenciales de la cosmovisión se plasmaban (Lehmann-Nitsche 1926, 1928a).

Según Lehmann-Nitsche, solo a través de la articulación de estos datos en un solo modelo explicativo era posible construir una cartografía etnográfica sudamericana en la cual se precisaran las áreas geográficas y las zonas de interacción, propuesta sugerida en 1905 por Ehrenreich. Siguiendo las indicaciones metodológicas de este último, Lehmann-Nitsche estableció “zonas mitológicas” y “zonas lingüísticas” para posteriormente, a través de la comparación, determinar correspondencias y divergencias (Lehmann-Nitsche 1928b, 1936a, 1936b, 1937). A su vez tomando como ejemplo los trabajos del psicólogo y etnólogoalemán Wilhelm Wundt (1832-1920), precisó “ciclos mitológicos”. Las similitudes y diferencias entre estos fueron la base a partir de la cual Lehmann-Nitsche busco construir una matriz explicativa común (Lehmann-Nitsche 1924). Dicha idea, expresada en trabajos como los del geógrafo alemán Richard Andree (1835-1912) y el etnógrafo austriaco Moriz Winternitz (1863-1937), se tradujo en el ámbito sudamericano a partir de los “círculos culturales” del sacerdote y etnólogo alemán Wilhelm Schmidt (1868-1954).

Hacia comienzos del siglo XX, mitos y concepciones astronómicas fueron conceptualizados como un medio formal de narrativa que daba existencia material a elementos abstractos y subyacentes, propio del terreno de la mente. Como señalase el filósofo francés Lucien Lévy-Bruhl (1857-1939), para la mencionada época se consideró que el llamado pensamiento “primitivo” estaba determinado por representaciones emocionales que durante mucho tiempo habían permanecido insondables para los estudiosos. Sin embargo, los estudiosos concibieron el estudio relacional de la lengua, los mitos y las concepciones astronómicas como una forma de darles existencia material (Lévy-Bruhl 1963).

La enseñanza de la antropología

A la par de las investigaciones, Lehmann-Nitsche se dedicó también a la enseñanza de la antropología. Comenzó en 1902 con un curso de “antropología somática americana” en la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires. Al año siguiente dictó una serie de conferencias que fueron ampliamente promocionadas por la prensa alemana local. De entrada libre y gratuita, las mismas abordaron temas como la definición de antropología, sus especializaciones, campo de trabajo y finalmente su significado específico como ciencia. En las mismas implementó diversos recursos didácticos como fotografías, proyecciones luminosas, cráneos, instrumentos antropométricos e individuos con malformaciones corporales. La prensa local, tanto en castellano como en alemán, se encargó de brindar precisos resúmenes sobre los principales puntos desarrollados por Lehmann-Nitsche en sus conferencias, continuando de esta forma la enseñanza de la antropología a través de las columnas periodísticas.

Esta serie de conferencias se repitieron hasta 1905, año en el cual Lehmann-Nitsche fue nombrado profesor de antropología de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires [8]. Dicha cátedra fue la primera de su género en Sudamérica, volviendo a Lehmann-Nitsche el primer profesor universitario de antropología en dicha parte del continente americano.

Un año más tarde, en el contexto de establecimiento de la Universidad Nacional de La Plata, Lehmann-Nitsche fue designado profesor de antropología en el Instituto del Museo de La Plata. Comenzado solamente con 6 alumnos, el programa de sus clases fue el mismo que utilizó en aquellas de Buenos Aires. Al igual que sucediera en esta última, la colaboración de la prensa fue esencial, promocionando las clases y posteriormente publicando resúmenes de las mismas.

En ambas casas de estudio Lehmann-Nitsche dirigió una serie de tesis doctorales. La formación de un grupo de discípulos fue visto como una estrategia al momento de asegurar cierta continuidad metodológica en la forma de práctica antropológica.

En 1911 Juliane Dillenius presentó en la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires su trabajo doctoral Craneometria Comparativa de los antiguos habitantes de la Isla y del Pukará de Tilkara, siendo la primera tesis dirigida por Lehmann-Nitsche [9]. En el mismo, Dillenius analizó los caracteres somáticos de una muestra de 70 cráneos recolectados de los sitios La Isla y Pukará de Tilcara (Argentina). En lo referente al sustrato teórico de su trabajo siguió aquellas directrices planteadas principalmente desde los espacios antropológicos alemanes, las cuales fueron utilizadas previamente por Lehmann-Nitsche en sus primeros trabajos sobre craneometría y craneología. En lo concerniente a la parte práctica del trabajo utilizó el instrumental antropométrico promocionado y vendido por Rudolf Martin. Esto respondió por un lado a la practicidad, maniobrabilidad y exactitud que esta última atribuía a dichos instrumentos y, por otro, a un pedido expreso de Lehmann-Nitsche en su afán de promocionar dichos instrumentos en el contexto local (Dillenius 1913).

Luego de obtener el grado de “Doctora en Filosofía y Letras”, Dillenius se embarcó hacia Múnich, donde participó en reuniones y conferencias científicas, a la vez que asistió a cursos y seminarios de la Ludwig-Maximilians Universität. En 1913 se casó con Lehmann-Nitsche. Si bien esto ha sido visto como la causa principal del fin de su carrera profesional (Arenas 1991; Carreras 2008), es preciso mencionar que la ausencia de publicaciones por parte de Dillenius no significó el cese en sus actividades científicas, colaborando en forma constante en los trabajos de Lehmann-Nitsche.

En 1912 Teodoro De Urquiza presentó su trabajo Paleo-Antropología Argentina. Nuevas investigaciones sobre el atlas de Monte Hermoso con el objetivo de obtener el grado de Doctor en Ciencias Naturales en la Universidad Nacional de La Plata. En el mismo retomó el problema del hombre fósil a partir del análisis del atlas de Monte Hermoso, enfocándose en los parámetros utilizados para distinguir entre el género humano y sus predecesores fósiles [10]. Para esto comparó dicha pieza anatómica con las de 60 esqueletos de indígenas sudamericanos depositados en el Museo de La Plata, para lo cual empleó los mismos instrumentos antropométricos utilizados por Dillenius. De Urquiza concluyó que la vértebra pertenecía a un individuo del género Homo aunque no sapiens, opinión divergente de la de Florentino Ameghino, para el cual el atlas pertenecía a un precursor del hombre, distinto al género Homo (De Urquiza 1912). De esta forma, De Urquiza se volvió el primer egresado de la carrera de Doctorado en Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de La Plata.

En 1920 Lehmann-Nitsche dirigió su última tesis doctoral. La misma, intitulada tesis La talla militar argentina. Estudio hecho sobre 35.458 conscriptos, clase 1891, fue presentada por Santiago Peralta para la obtención del grado de Doctor en la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires. Su objetivo fue la definición física y étnica del “hombre argentino” a partir del estudio de la influencia de la herencia y el ambiente en la determinación de talla (Peralta 1922 : 3). Según Peralta el caudal inmigratorio impuso la necesidad científica y política de una “antropología concreta” que aportaria soluciones al problema estatal de la eugenesia humana y el mejoramiento poblacional (Peralta 1922:4). En este sentido, Peralta presentó su trabajo como la herramienta ideal para “inocular en el organismo nacional, los elementos y reactivos que mejor cuadran a nuestros intereses y gustos” (Peralta 1922 : 4).

Peralta planteó una relación de modificación y complementación mutua entre la herencia genética y el ambiente, siendo los principales factores en la determinación de la talla. Los valores menores se concentrarían en zonas económicamente pobres, con población mayoritariamente indígena o de países limítrofes y con una ecología adversa a la producción agrícola. Los ejemplos serían: Patagonia, Chaco y Cuyo. Por el contrario las tallas altas se encontrarán en zonas con población europea o descendientes y con un estilo de vida sedentario, siendo el principal ejemplo Capital Federal (Peralta 1922).

A pesar de las notas celebratorias escritas en la prensa sobre los cursos antropológicos de Lehmann-Nitsche, los mismos no contribuyeron a la institucionalización y profesionalización de la práctica antropológica, algo reflejado en la ausencia de un grupo de discípulos que continuaran su obra o bien una síntesis sistemática de la misma. En este punto es necesario considerar por igual los intereses personales de Lehmann-Nitsche como así también las limitaciones estructurales impuestas por el contexto local.

El 01 de abril de 1930, luego de un trámite de dos años, Lehmann-Nitsche renunció oficialmente a su puesto de Jefe del Departamento de Antropología del Museo de La Plata, volviendo finalmente a Berlín. Allí impartió una serie de cursos libres como profesor invitado en la Friedrich-Wilhelms-Universität. A su vez, siguió contribuyendo en distintos medios con publicaciones que serían el resultado de la síntesis de más de 30 años de recolección de datos e información en tierras sudamericanas. Entre los principales temas se encontraron la astronomía indígena y la historia de los primeros alemanes en el Río de La Plata [11]. Finalmente, a causa de un cáncer que padecía desde un tiempo, falleció el 8 de abril de 1938.

Su extenso legado personal, compuesto de cartas personales, manuscritos inéditos y cajas con materiales antropológicos, da cuenta de su esfuerzo por documentar en detalle las diversas facetas de un complejo objeto de estudio como es el hombre y, a su vez, de sus intentos por tratar de administrar el caos en el cual se encontraba sumida la práctica antropológica al momento que llegara a la Argentina.

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Notes

[1Su primer tesis se tituló Beiträge zur physischen Anthropologie der Bajuvaren: über die langen Knochen der südbayerischen Reihengräber Bevölkerung (Contribuciones a la antropología física de los bávaros: sobre los huesos largos de las tumbas renanas de la población de Baviera del Sur). El mismo fue realizado bajo la dirección del médico alemán Johannes Ranke (1836-1916) en el Anatomisches Institut München. Su segundo trabajo doctoral, supervisado por el médico alemán Ottmar von Angerer (1850-1918), fue una breve monografía intitulada Beiträge zur prähistorischen Chirurgie nach Funden aus deutscher Vorzeit (Contribuciones para la cirugía prehistórica según hallazgos de la antigüedad alemana).

[2Principalmente en la correspondencia a su madre Ida Stephan, pero también a otras personas de su circo familiar como Paul Ennke, Else Nitsche, Franz Stephan, Eugen Lehmann-Nitsche, Claire Brinckmann, Rudolf Lehmann-Nitsche y Frieda Lehmann-Nitsche (Ballestero 2013).

[3Según expresó ten Kate el trabajo con las valiosas colecciones osteológicas presentes en el Museo de La Plata, especialmente aquellas de los grupos indígenas del extremo meridional sudamericano, eran ideales para elaborar un estudio objetivo y científicamente importante para la antropología de América del Sur (ten Kate 1897).

[4Esta serie de excursiones al campo estuvieron fuertemente influenciadas por investigaciones previas. Dentro de estas destacaron aquellas desarrolladas en el marco de la serie de viajes exploratorios alemanes a la región del Alto Xingú (Brasil Central) realizados entre 1884 y 1901. El intensivo trabajo realizado por Karl von den Steinen y el antropólogo Paul Ehrenreich (1855-1914) con los objetos de la cultura material en relación con temas vinculados con la religión, la lingüística o el arte, marcaron un alejamiento de los estudios americanistas centrados únicamente en la antropología física hacia un enfoque filológico de la evolución y el desarrollo humano.

[5La obra de los hermanos Grimm fue considerada por muchos autores como una de las primeras aproximaciones científicas al estudio de la literatura “popular”. Su ejemplo comenzó a multiplicarse en Europa, en la forma de emprendimientos particulares, publicaciones especializadas o periódicos. Si bien las investigaciones de Lehmann-Nitsche siguieron principalmente el ejemplo de estudiosos como el filosofo austriaco Friedrich Krauss (1859-1938), el poeta alemán August Stöber (1808-1884) o el filólogo alemán Karl Weinhold (1823-1901), también supo abrevar en obras de estudiosos anglosajones como Richard Temple (1850-1931), George Gomme (1853-1916) o Edward Tylor (1832-1917).

[6Su serie Folklore Argentino estuvo compuesta por: Adivinanzas Rioplatenses (1911), El caballo retajo (1914), El Chambergo (1916), La bota de potro (1916), Santos Vega (1917) y La Ramada (1919). Sus manuscritos inéditos, pero fechados por él, son: Folklore Argentino: cuentos populares (1901), Estudios sobre folklore argentino: versos infantiles (1907), Folklore Argentino X: la edad del Cuero Crudo (1907), Estudios sobre el folklore argentino VI: La fauna en el folklore argentino (1908), Folklore Argentino: Cuentos populares recopilados por Robert Lehmann-Nitsche (1909) y Un capítulo del folklore argentino: el traje popular del hombre (1910).

[7A partir de las grabaciones de música y dialecto de un grupo de indios peskotomuhkati por parte del zoólogo estadounidense Jesse Fewkes (1850-1930), los estudiosos comenzaron a incorporar el fonógrafo como un instrumento más en sus investigaciones de musicología comparada.

[8Dicho puesto había sido primeramente asignado al paleontólogo autodidacta argentino Florentino Ameghino (1854-1911), quien declino la oferta.

[9Hasta ese entonces, Dillenius había colaborado con Tomasa Manuela de Basaldúa (1881-1965) en el ordenamiento del material osteológico presente en el Museo Etnográfico, publicado dos trabajos y colaborado asiduamente en el curso de Lehmann-Nitsche realizando láminas para las presentaciones del mismo o bien tomando apuntes que posteriormente eran editados por el Boletín del centro de estudiantes de Filosofía y Letras.

[10Dicho atlas fue exhumado por Ameghino en 1887, mientras era empleado del Museo de La Plata. Luego de permanecer un tiempo entre las colecciones de fósiles de Monte Hermoso, fue “descubierta” por Santiago Roth, para ese entonces jefe de la Sección de Paleontología del museo platense. Al notar que se trataba de un atlas humano lo pasara a la Sección de Antropología (De Urquiza 1912; Lehmann-Nitsche 1907).

[11Principalmente cronistas tempranos como los exploradores alemanes Hans Staden (1525-1579) o Ulrich Schmidel (1510-1579?).